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con quién sentirse cómoda o en quién confiar.
Debía reconocer el mérito de Tremont por no intentar aprovecharse de aquella
forzada intimidad. No sabía si su legendario honor se extendía también a las
relaciones personales. Al parecer, sí.
¿Qué le haría perder el control? ¿Qué clase de mujer tendría que ser la que le
hiciera olvidarlo todo y dejarse arrastrar por la necesidad? ¿Existía esa clase de
mujer?
Debía de haberse quedado adormilada porque perdió la noción del tiempo que
había pasado hasta que sintió que algo frío le caía en el cuello y que casi crepitaba en
su piel recalentada por el sol. Era Tremont, que de pie junto a su tumbona le echaba
el agua de una botella.
El contacto era como el de una caricia, tan fresca y sensual que sus pezones se
endurecieron y lo miró con el ceño fruncido.
 Se acabó su tiempo, señorita.
 ¿Cómo?  preguntó, dándose la vuelta . No sabía que estuviera en el diván
del psicoanalista.
 Lo estás. Ya llevas demasiado tiempo al sol. Es peligroso estar aquí fuera
tanto tiempo.
Escaneado por Marisol F y corregido por SCC Nº Paginas 44-130
Barrer, Becky  El riesgo del amor
 Anda, vete. Lo que pasa es que estás enfadado porque no ha picado ni un
solo pez.
 ¿Y tú qué sabes?
No podía confesar que había estado observándolo, así que improvisó.
 No he oído ninguna de esas exclamaciones de alegría que tenéis los machos.
 Conque machos, ¿eh? ¿Y si soy de esos tipos sensibles que devuelven las
capturas al agua?
Rianna hizo un gesto de incredulidad y sonrió. Aquellas bromas estaban
provocando una corriente caliente y eléctrica entre ellos. Tan caliente que se quedó
inmóvil y sin aliento.
Tremont entornó los ojos y siguió mirándola con un deseo palpable que le dejó
la boca seca. Tenía que romper el momento antes de que aquello desembocase en
pasión, pero es que su mirada la tenía hipnotizada.
 Si piensas malgastar el agua, podías darme de beber  le dijo, sin imaginarse
que aquella acción tan sencilla podía adquirir el ímpetu del juego sexual previo.
Él hizo lo que le había pedido, contemplando sin pestañear cómo se lamía el
resto que le había quedado en los labios. El brillo de excitación que había en sus ojos
le aceleró la respiración y la hizo temblar.
Tenía que recuperar el control de su pulso, así que contó hasta diez y practicó la
respiración profunda que tan buen resultado le daba para calmar los nervios. Y así
fue hasta que él decidió dejar caer un chorrito de agua por todo su cuerpo. Empezó
por los dedos de un brazo, fue subiendo, cruzó su pecho y bajó por el otro brazo. El
agua fría estaba causando una potente reacción en todo su cuerpo.
Continuó con un pie, y zigzagueando subió por la pierna hasta el muslo. La
sintió después en el estómago, donde pintó un arabesco que contrajo sus músculos y
paralizó su respiración.
Luego fue el turno de la pierna derecha, y terminó en su ombligo. Rianna se
estaba derritiendo con aquel baño tan erótico que inflamó sus pechos dentro de los
confines del biquini y contrajo sus pezones.
No creía poder estar más excitada hasta que Tremont dirigió el agua
directamente a esos puntos y fue empapando la tela hasta que su tensión era tal que
se sentía a punto de saltar como la cuerda de una guitarra.
 ¡Kyle!  exclamó en una mezcla de sorpresa, reprimenda y excitación.
 Te estoy bajando la temperatura.
La frase era sencilla, pero su tono sugería mucho más. Además, su voz había
sonado pastosa, cargada de pasión. La deseaba, quizá tanto como ella a él. Rianna
respiró hondo y abrió os ojos. Estaba tan cerca que su erección quedaba en su línea
de visión.
Escaneado por Marisol F y corregido por SCC Nº Paginas 45-130
Barrer, Becky  El riesgo del amor
Sabía que debía volver a cerrar los ojos pero su cuerpo no la obedecía. Aquel
hombre tenía la capacidad de hacerle olvidar todos sus planes. Tenía que encontrar el
modo de cortar aquella tensión.
 Creo que voy a darme un baño. Para enfriarme del todo  pretendía decirlo
con firmeza, pero sus palabras sonaron temblorosas y susurradas. Carraspeó y volvió
a intentarlo . Deberíamos bañarnos los dos.
Kyle retrocedió un paso y le ofreció la mano. El azul de sus ojos se había vuelto
oscuro, devorado por la pasión. Rianna posó su mano en la de él y le dejó levantarla
de la tumbona. Un minuto más de contacto y se desintegraría convertida en un
montón de cenizas.
 Te echo una carrera  dijo, pero su desafío careció de fuerza, confusa y
excitada como estaba.
 Primero tengo que beber  dijo él, y apretándola contra su cuerpo, se
apoderó de su boca con ansia salvaje.
Dejó caer al suelo la botella de agua y sujetó su cabeza con ambas manos. La
fuerza de su beso la dejó incapaz de responder o apartarse hasta que él fue
reduciendo gradualmente la presión. Lo que hizo entonces fue entreabrir los labios y [ Pobierz całość w formacie PDF ]

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